Diciembre 2007
A los profesionales que nos dedicamos a la consultoría y al asesoramiento, se nos reprocha que seamos buenos predicadores pero que nos cueste predicar con el ejemplo. Que somos demasiado teóricos, vaya, y que nos cuesta tener los pies en el suelo.
Debe ser verdad. Si tanta gente lo dice, no puede ser que haya tanta gente equivocada, ¿verdad? Claro está que ni todo el mundo lo es –al menos nosotros intentamos evitarlo tanto como nos es posible– ni tampoco estamos tan divorciados del mundo real, aunque haya compañeros y colegas que, a veces, actúan como unos perfectos engreídos.
